El duelo en el trabajo: se nombra, pero no se sostiene

El duelo en el trabajo tiene un problema previo: cuando quien muere es un padre o una madre, ni siquiera se lo considera un duelo que necesite demasiado.

Hay una idea instalada, casi nunca dicha en voz alta pero presente en cómo actuamos frente a la muerte de un padre o una madre: que es parte del orden natural de la vida. Los hijos entierran a los padres, se supone que así debe ser, y por eso mismo parece un duelo que no necesita tanta contención.

Se asume que va a doler, sí, pero también que es esperable, y lo esperable termina tratándose como algo que se procesa rápido. La realidad es que esta pérdida, se la espere o no, puede ser desgarradora, y el hecho de que sea «natural» no la vuelve más liviana.

Como si te quitaran el respaldo de la silla

Una paciente me dijo una vez algo que resume mejor que cualquier explicación técnica lo que pasa cuando muere un padre o una madre: es como si de repente te quitaran el respaldo de la silla. Todo el cuerpo sigue sostenido, la silla sigue estando ahí, pero algo que daba apoyo desde atrás, algo en lo que ni siquiera pensabas porque siempre había estado, deja de estar. Y ese tipo de desestabilización no avisa cuándo se va a sentir. Puede aparecer el mismo día, o puede aparecer semanas después, en medio de una reunión cualquiera, sin ningún motivo aparente.

El duelo en el trabajo no tiene los días que merece

El mundo del trabajo no está armado para acompañar esto. En España, el artículo 37.3 del Estatuto de los Trabajadores reconoce dos días de permiso por fallecimiento de un familiar de primer grado, cuatro si hay que desplazarse a otra localidad, y algunos convenios amplían algo esa cifra. Desde 2025 existe una propuesta del Ministerio de Trabajo para llevarlo a diez días laborables repartibles en cuatro semanas, aprobada en Consejo de Ministros y todavía sin incorporar al Estatuto.

Aun así, la cuenta sigue sin cerrar: ningún número de días es proporcional a lo que implica perder a un padre o una madre. No es que dos días sean pocos y diez alcancen. Es que la lógica de contar días para una pérdida así ya parte de un lugar equivocado, porque asume que el duelo tiene una duración estándar y que después de eso la persona vuelve a su rendimiento habitual.

Volver a trabajar ayuda, pero el duelo en el trabajo sigue ahí

Volver a trabajar, de hecho, suele hacer bien. Tener una estructura, un horario, tareas concretas que cumplir, ayuda a no quedarse completamente a la deriva en los primeros días. Pero que ayude a nivel funcional no significa que la persona esté en las mismas condiciones que antes.

Se puede volver, cumplir, incluso rendir de forma aceptable, y al mismo tiempo notar que hay menos margen, menos energía disponible, menos tolerancia a cosas que antes no costaban nada. Eso no es un fallo personal. Es la consecuencia lógica de sostener, al mismo tiempo, una pérdida enorme y una vida laboral que no se detiene para esperar a que la primera termine de asentarse.

Mujer trabajando en su portátil sentada en un taburete sin respaldo mientras la sombra dibuja una silla con respaldo: el duelo en el trabajo
Se puede volver a la mesa y cumplir. El respaldo es lo que ya no está.

Lo que complica todavía más las cosas es que, como se asume que esta pérdida es «natural» y por lo tanto más fácil de aceptar, el entorno de trabajo tampoco pregunta demasiado. Un compañero puede preguntar cómo estás la primera semana, y después la conversación pasa a otra cosa, como si el duelo tuviera fecha de cierre coincidente con el permiso administrativo.

Nadie pregunta, dos meses después, cómo se sigue sosteniendo el día a día sabiendo que ese padre o esa madre ya no está. Y sin ese espacio para nombrarlo, el duelo en el trabajo se sigue viviendo, pero en silencio, comprimido entre reuniones, sin el reconocimiento que otras pérdidas sí reciben. No es lo único que un entorno de trabajo deja sin nombrar: la presión que nadie ve se sostiene con la misma lógica, en silencio y sin que nadie pregunte.

Qué puede hacer el entorno ante un duelo en el trabajo

Si lideras el equipo o trabajas al lado de alguien que acaba de perder a su padre o a su madre, hay cosas concretas que sirven y otras que no.

Lo que sirve: preguntar más de una vez, y sobre todo preguntar tarde, a las tres semanas, al mes y medio, cuando ya nadie pregunta. Nombrar a la persona que murió en lugar de rodear el tema. Ser explícito con lo que se puede reorganizar, una entrega, una presentación, una reunión con cliente, en vez de esperar a que la otra persona lo pida, porque en duelo pedir cuesta más. Y aceptar que el rendimiento va a fluctuar durante meses, no durante los días del permiso.

Lo que no sirve: tratar el tema como si no hubiera pasado para no incomodar, elogiar la entereza de quien volvió rápido, porque eso presiona al resto a hacer lo mismo, o dar por hecho que el silencio significa que está resuelto. Tampoco sirve invadir: preguntar no es insistir en que la persona cuente nada.

Los equipos que gestionan bien esto no suelen tener un protocolo especial. Tienen a alguien que se acuerda dos meses después.

Qué hacer con el duelo en el trabajo

Si estás atravesando esto, ya sea porque acaba de pasar o porque pasó hace tiempo y notas que todavía hay algo que no terminó de asentarse, tiene sentido ponerle nombre a lo que falta ahí, en ese respaldo que ya no está. No para acelerar el duelo ni para volver más rápido a rendir como antes, sino para entender qué cambió realmente y poder sostenerlo de una forma que no dependa solo de aguantar.

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Preguntas frecuentes

¿Cuántos días de permiso hay por fallecimiento de un padre o una madre en España?

Dos días laborables según el artículo 37.3 del Estatuto de los Trabajadores, que pasan a cuatro si hay que desplazarse a otra localidad. Algunos convenios colectivos amplían esa cifra. Desde 2025 existe una propuesta del Ministerio de Trabajo para llevarlo a diez días laborables, repartibles en cuatro semanas tras el fallecimiento, aprobada en Consejo de Ministros pero todavía no incorporada al Estatuto.

¿Cuánto dura el duelo por la muerte de un padre o una madre?

No hay un plazo fijo. Lo habitual es que la intensidad baje con los meses, pero la pérdida sigue apareciendo en fechas concretas, en decisiones importantes y en momentos sin motivo aparente. La duración no es el dato útil. Lo es si la persona puede sostener su vida cotidiana con eso encima.

¿Se puede hablar del duelo en el trabajo con el jefe o con el equipo?

No hay ninguna obligación de contar nada. Pero decir algo tan simple como que esto va a llevar tiempo y que puede haber semanas de menos rendimiento suele evitar malentendidos y quita la presión de disimular. Si el entorno no lo recibe bien, el problema no es haberlo dicho.

¿Cuándo tiene sentido pedir ayuda psicológica en un duelo?

Cuando pasan los meses y lo cotidiano sigue sin poder sostenerse: dificultades persistentes para trabajar, dormir o relacionarse, o la sensación de que el tema quedó congelado y no se puede ni nombrar. También cuando el entorno da por cerrado algo que para la persona sigue abierto. Si dudas de si es el momento, aquí lo desarrollo con más detalle: cómo saber si necesitas ir a terapia.

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